
Jules Verne
Maese Zacarías, personaje de la célebre obra homónima de Julio Verne, es un relojero de renombre mundial que vive en Ginebra. Tras inventar el "escape" y revolucionar la relojería, se vuelve conocido por su inmensa soberbia, al afirmar haber creado el tiempo mismo y creer que posee poderes sobrehumanos.
La desesperada lucha del legendario maestro relojero Zacharius, dotado de un talento casi mágico, quien cree haber igualado el orden espiritual divino mediante sus artefactos de medición, pero se enfrenta —a costa de su orgullo, su hija y su propia alma— a la imparable y funesta presencia de Pittonaccio, el reloj que le demuestra que no es el amo del tiempo, sino su esclavo.
Suiza. Principalmente la ciudad de Ginebra, dividida por el río Ródano, con su barrio insular de ruinosas casas sobre pilotes; luego los tempestuosos Alpes suizos (Dents-du-Midi) y las ruinas del maldito castillo de Andernatt.
Hacia los siglos XVI o XVII (época en que se inventó el escape del reloj, cuando el calvinismo primigenio cobraba fuerza en Ginebra y los vestigios de la filosofía platónica y medieval comenzaban a dar paso a la ciencia).
Gótica, oscura, melancólica y tormentosa; entreteje la soberbia de la ciencia con elementos sobrenaturales y diabólicos, impregnada de una creciente sensación de desesperanza y lobreguez ante el inexorable paso del tiempo.
Narrador omnisciente en tercera persona con un tono dramático y moralizante.
En este universo rige una ley sobrenatural o de realismo mágico según la cual el creador vincula de manera desmedida su existencia y su alma a sus obras. La soberbia artesanal del maestro engendra un pacto metafísico (una maldición demoníaca) entre los engranajes que fabrica y el latido de su propio corazón: a medida que los relojes fallan, su creador enferma; cuando los relojes se detienen, el maestro es arrastrado hacia la muerte.
El pueblo de Ginebra, célebre por su estricta probidad mercantil y su intachable moral. Una sociedad europea profundamente devota donde impera el calvinismo protestante pero aún persisten vestigios de rituales de fe católica (oraciones, templos antiguos), y donde se ensalzan el oficio gremial y las obras maestras de la artesanía.
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A pesar de la estrecha unión inicial, la obsesión de Zacharius por la ciencia y su pérdida de cordura transforman este lazo en un sacrificio unilateral. Zacharius pierde el juicio hasta el extremo de pretender entregar despiadadamente a su hija a un monstruo con tal de salvar su propia alma.
El maestro Zacharius gritándole a Gérande en el castillo de Andernatt: «¡Aceptarás a este hombre por esposo para que yo sea inmortal y alcance al fin el poder de Dios!»
Aubert trata a su maestro con hondo respeto, lealtad y comprensión; sin embargo, Zacharius lo menosprecia al considerar su talento como un simple instrumento que apenas manipula metales. La relación llega a un punto de quiebre definitivo debido a la creciente y desquiciada soberbia del maestro y a su dogmatismo filosófico.
El desdén del maestro Zacharius hacia su aprendiz al increparlo: «¡No sientes que estos metales a los que mi genio ha dado vida palpitan como el pulso de un cuerpo vivo!»
Posee la dinámica de una entrega fáustica del alma. Zacharius aborrece a Pittonaccio —a quien considera dueño de su reloj y de su espíritu—, pero al mismo tiempo le obedece como un lacayo totalmente sometido. Mientras Pittonaccio encarna la faceta burlona y dominante, Zacharius se reduce a una víctima desesperada y egoísta.
La resignación del maestro a aceptar la funesta amenaza de Pittonaccio («Cuando tu hija sea mía, este reloj te pertenecerá») con tal de conservar su propia vida.
Comparten una devoción recíproca cimentada en un amor puro, piadoso e inquebrantable. Incluso en los instantes más sombríos, sostienen una relación de afecto e igualdad, intentando mantenerse firmes juntos y conservar la esperanza en el bien frente a la demencia del maestro.
El desesperado clamor de Aubert al intentar protegerla en el castillo: «¡Gérande, tu prometido soy yo!»
Scholastique es una sirvienta parlanchina y ciegamente leal que intenta desmentir con vehemencia los rumores de brujería que rodean a su señor; no obstante, Zacharius no toma en serio ni su juicio ni sus creencias religiosas, e ignora sistemáticamente sus palabras.
El anciano tapándose los oídos ante la cháchara de Scholastique, del mismo modo en que ya no escuchaba el rumor del río.
Para Gérande, Pittonaccio es tan solo un engendro horrendo y pesadillesco, mientras que él la codicia con avidez como recompensa y tributo de un siniestro pacto. Es un vínculo marcado por la repugnancia física y espiritual.
En el paseo de la Treille, Gérande acogiéndose con espanto a su padre al advertir que aquella criatura deforme la contemplaba con una sonrisa burlona.
Dos almas opuestas: una defiende la sumisión divina y la devota humildad, frente al ego de inmortalidad de un científico mundano. Mientras el monje le hace advertencias divinas al maestro, este las desoye con soberbia y rechaza la razón.
Frente a las palabras del monje: «¡El orgullo destruyó a un ángel creado para el bien! ¡No queda más remedio que rezar por vuestro padre!», Zacharius huye de la iglesia en busca de su alma.
Cuando Pittonaccio intenta llevarse a Gérande por la fuerza, Aubert, encarnando el amor humano puro y la rectitud moral, se enfrenta al monstruo, pero las fuerzas oscuras lo burlan.
Cuando Pittonaccio exige a la prometida en el castillo, el joven aprendiz (Aubert) se abalanza furioso sobre él, pero el hombre se le escapa como una sombra.