Es el padre pagano (idólatra) de Agustín, un pequeño agricultor pobre que era extremadamente ambicioso y de mal genio. Su único propósito era que su hijo alcanzara algún día una buena posición, respeto y dinero; con este fin, llevó su presupuesto al límite para enviar a Agustín a las escuelas más prestigiosas (como las de Cartago). Aunque fue ocasionalmente infiel a su esposa Mónica, gracias a la sabiduría y profunda piedad de ella, se convirtió a la fe cristiana y fue bautizado hacia el final de su vida. Mientras presumía de las virtudes intelectuales de su hijo, nunca se preocupó por la cercanía de su hijo con Dios.
Llevaban una vida modesta en la ciudad de Tagaste; él era terrateniente pero no muy rico. Era el típico perfil romano mundano de esa época, que se ajustaba a sus iguales y a la sociedad.
Su apariencia física no se describe, pero su presencia conlleva un peso irritable, tenso y patriarcal.
Monika
Un vínculo matrimonial tenso pero equilibrado por la paciencia mutua (especialmente por parte de su esposa), que finalmente confluyó en la fe católica en su lecho de muerte.
Aurelius Augustinus
Aunque Agustín más tarde rechazó con gratitud los sacrificios mundanos de su padre, lo contempla con una mirada tanto crítica como compasiva por haber descuidado la formación espiritual, que consideraba el verdadero deber paterno.