El propietario de d'Artagnan y marido de madame Bonacieux. Es un mercero viejo, tacaño, cobarde y egoísta. El hecho de que su mujer sea enviada a la Bastilla debido a sus tratos secretos, seguido de su citación y amenaza por parte del cardenal Richelieu y su soborno con una pequeña cantidad, es un retrato de su bancarrota moral. Un hombre que alguna vez tembló ante d'Artagnan al pedirle el alquiler es ahora un vil peón del cardenal, espiando a su propia mujer bajo la ilusión de que está defendiendo al estado.
A sus cincuenta años, este antiguo mercero se casó con la joven y hermosa lavandera de la reina gracias a su dinero. Aunque al principio se llevaba bien con su mujer y no tenía nada que ver con la política, tras su pesadilla en la Bastilla, se convirtió en el juguete de más bajo nivel en juegos oscuros.
Tiene una cabeza posada sobre un cuello largo e inquieto con ojos pequeños y vivaces. Sus facciones faciales pálidas y ansiosas reflejan una estética burguesa que intenta parecer adinerada.
Kardinal
Un «amigo» supremo y temible.
D'Artagnan
Su inquilino temible, inestable y bravucón.
Madam Bonacieux
Su peligrosa esposa, a la que teme, a quien intenta espiar pero a la que no logra comprender del todo.