
Jules Verne
Una fantasía del doctor Ox es una novela satírica de ciencia ficción del célebre autor Julio Verne. Narra la historia de una ciudad extremadamente tranquila y tradicional que se ve sumida en el caos y la guerra de la noche a la mañana debido a un experimento secreto del científico, el doctor Ox. El libro ilustra lo peligrosa que puede llegar a ser la ciencia en manos equivocadas.
Bajo el pretexto de un proyecto de alumbrado público y con el fin de demostrar su extravagante teoría científica, el doctor Ox administra en secreto altas dosis de oxígeno a los habitantes de Quiquendone, transformando su naturaleza aletargada durante siglos en un frenesí caótico y agresivo que acaba fuera de control.
La ficticia y hermética villa de Quiquendone, que no figura en los mapas, situada en Bélgica (región de Flandes), cerca de Oudenaarde y Brujas.
Siglo XIX. En el texto se hace referencia al año 1837, a científicos de la época y a descubrimientos químicos (separación de hidrógeno y oxígeno).
Al principio predomina una atmósfera pueblerina en extremo tranquila, apacible, aletargada y absolutamente silenciosa. Con la introducción del gas oxígeno en el sistema por parte del doctor Ox, esta atmósfera se vuelve de repente histérica, caótica, agresiva, exaltada e insoportablemente ruidosa.
Narrador omnisciente en tercera persona, irónico, humorístico, amante de exagerar las descripciones y que de vez en cuando se dirige directamente al lector («nuestros lectores sabrán que», etc.).
Las reglas del mundo se corresponden en apariencia con la realidad del siglo XIX, pero incorporan elementos de ciencia ficción y sátira. Los habitantes del pueblo se vuelven biológicamente dependientes de la proporción de oxígeno presente en el aire que respiran. Con el gas, las leyes físicas (las plantas crecen descomunalmente) y conductuales del universo se alteran con desproporción científica.
Una cultura burguesa y conservadora donde las tradiciones se han perpetuado inalteradas durante generaciones, y donde los rasgos del temperamento flamenco (flema, prudencia, glotonería, pacifismo y frugalidad) son tratados de forma paródica y exagerada.
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En un principio son dos camaradas flemáticos que no hacen más que asentir el uno al otro y guardar silencio, temerosos de tomar decisiones. Por efecto del oxígeno, su dinámica se invierte por completo; surgen entre ellos agrias disputas políticas e insultos, y a raíz de la decisión de declarar la guerra, se enzarzan en una violenta pelea a tirones de pelo en la torre, enemistándose hasta el punto de desafiarse a duelo.
Durante el forcejeo que estalla en la oscura escalera de la torre, se mesan los cabellos llamándose mutuamente «Ya veremos, animal estúpido» y «majadero insensato».
Ox es dominante, visionario e implacable; Ygène, en cambio, es sumiso, pero más inquieto y, en última instancia, presa de los remordimientos de conciencia. Aunque Ygène advierte las peligrosas consecuencias del experimento y desea cerrar la espita, Ox no renuncia a su soberbia y recurre a la violencia para hacerlo callar.
En el instante en que Ygène está a punto de gritar la verdad a la multitud, el doctor Ox se abalanza sobre él con una cólera indescriptible y le tapa la boca a puñetazos.
Al principio, conforme a la naturaleza flamenca, viven un idilio distante durante diez años pescando con caña por separado y sin pronunciar una sola palabra; bajo la influencia del gas, se transforman en seres apasionados, precipitados y proclives a la violencia.
Frantz, que antaño aguardaba horas enteras contemplando el flotador de corcho en el agua, bajo el influjo del gas se dispone a librar un duelo a pistola a setenta y cinco pasos contra su rival Simon para conquistar a Suzel.
Aunque normalmente son hombres de profesión muy respetables, apacibles y pacíficos, protagonizan una disputa verbal sobre política que sirve como primer síntoma visible de la histeria colectiva en el pueblo, desembocando en una polarización que llegará hasta el desafío a duelo.
El doctor Custos lanza una peligrosa provocación a su adversario diciéndole: «Me parece que va usted demasiado lejos y no mide sus palabras».
En la vida del pueblo, rígidamente reglamentada y reservada en lo privado, los impulsos subconscientes afloran durante el baile descontrolado por efecto del gas; en medio de la confusión, Tatanémance abraza apasionadamente al comisario.
El comisario es incapaz de recordar con quién bailó el vals y a quién abrazó aquella noche, aun cuando la protagonista de ese ardiente abrazo que puebla sus sueños no es otra que la querida Tatanémance.
Mantienen un matrimonio rutinario, desprovisto de pasiones y sin discusiones, con un vínculo que responde a la regla familiar según la cual los viudos vuelven a casarse entre parientes. Bajo el influjo del gas, su esposa se transforma en una mujer caprichosa, intratable, que riñe constantemente y arremete contra la criada y su cuñada, sin que el alcalde logre hacerla callar.
El lamento del alcalde ante los gritos de su esposa: «¡Al final va a matarme a mí antes que a usted misma y trastocará todas las tradiciones familiares!».
El confitero Orbideck se militariza en situaciones extraordinarias, mientras que Van Tricasse, normalmente administrador, bajo los efectos del gas lo nombra comandante de guerra. La jerarquía militar y el absurdo rigen el diálogo entre ambos.
El alcalde Van Tricasse nombra general en jefe del ejército al confitero Jean Orbideck, por haber prometido matar al mayor número de habitantes de Virgamen (siete mil) en la puja de exterminio.
Dos jóvenes que ni siquiera eran rivales en el apacible entorno anterior se convierten en potenciales asesinos el uno del otro por Suzel, a causa de la explosión de testosterona y pasión provocada por el gas.
La pasión desmedida del joven Simon hacia Suzel y la negativa del dócil Frantz a ceder, lo que los lleva a planear un duelo a pistola.